La semana pasada participé como profesor en el Curso de artroscopia de cadera dentro del programa formativo de Smith+Nephew en Barcelona. Fue un curso de dos días, con una estructura muy lógica: primero entender los conceptos y después llevarlos a la práctica. Este tipo de formación, que combina teoría, simulación y trabajo en laboratorio con espécimen anatómico, es probablemente la forma más honesta de aprender una técnica que, siendo claros, no es sencilla .
La artroscopia de cadera tiene una curva de aprendizaje larga y exigente. No se parece a otras articulaciones. Todo es más profundo, menos intuitivo y más dependiente de pequeños detalles. Por eso, uno de los mensajes que más se repitió durante el curso fue que no se trata solo de saber qué hacer, sino de entender por qué lo haces en cada momento. Sin esa base, la técnica se convierte en una suma de gestos sin sentido.
Enseñar desde la experiencia real
Mi participación estuvo centrada en la técnica de resección de la lesión CAM, dentro del contexto del conflicto femoroacetabular . Pero más allá de explicar la técnica como tal, mi enfoque fue otro. Intenté alejarme de la presentación “perfecta” y centrarme en algo que creo que aporta mucho más valor: compartir los detalles que a mí me han ayudado a mejorar con los años.
No tanto qué dice el libro, sino qué funciona en quirófano cuando llevas muchos casos encima. Pequeños ajustes en la forma de posicionarte, en cómo interpretas la imagen artroscópica o en cuándo decides parar de resecar. Ese tipo de cosas que no suelen aparecer en los artículos, pero que marcan la diferencia entre una técnica correcta y una técnica realmente afinada.
Mi visión de la artroscopia de cadera es bastante pragmática. No creo en las técnicas rígidas ni en los dogmas. Creo en entender la anatomía, respetarla y adaptarte a cada caso. Y eso fue lo que intenté transmitir. Que la técnica no es una receta fija, sino una herramienta que tienes que saber moldear según el paciente que tienes delante.
Del concepto a la práctica
El primer día del curso sirvió para ordenar ideas. Se revisaron aspectos clave como el posicionamiento del paciente, la creación de portales o la navegación dentro de la articulación, que muchas veces se dan por sentados pero que son la base de todo . También hubo trabajo en modelos, donde los asistentes pudieron familiarizarse con la óptica, la triangulación y los gestos básicos.
Aquí es donde empiezas a ver quién realmente entiende lo que está haciendo. Porque una cosa es escuchar y otra muy distinta es coger el instrumental y enfrentarte a la imagen.
El segundo día fue el más potente desde el punto de vista formativo. Trabajo directo en espécimen anatómico, reproduciendo prácticamente todos los pasos de una cirugía real: desde la entrada a la articulación hasta la osteoplastia y el cierre capsular . Es en este punto donde todo encaja. Donde los conceptos dejan de ser abstractos y pasan a tener sentido.
Y también donde aparecen las dudas importantes. No las teóricas, sino las de verdad. Las que te vas a encontrar luego en quirófano.
Lo que realmente importa
Si tuviera que resumir lo que intenté transmitir durante el curso, diría que la clave está en el enfoque. En no obsesionarse con hacer más, sino en hacer mejor. En entender que la artroscopia de cadera no va de “quitar hueso” o “arreglar algo”, sino de restaurar una biomecánica lo más cercana posible a la normalidad.
Un ejemplo claro es la osteoplastia femoral. Muchos cirujanos, cuando empiezan, tienden a resecar de más. Buscan una imagen limpia, perfecta, casi estética. Pero la realidad es que el objetivo no es ese. El objetivo es recuperar la esfericidad de la cabeza femoral, ni más ni menos. Cuando cambias ese enfoque, tu forma de trabajar cambia completamente.
Este tipo de matices son los que intenté compartir. No como verdades absolutas, sino como aprendizajes personales después de años dedicados a esta técnica. Porque al final, enseñar también es eso. Poner sobre la mesa lo que te ha funcionado, lo que no y lo que harías diferente si volvieras a empezar.
Por qué esto también importa a los pacientes
Puede parecer que todo esto queda dentro del ámbito de los cirujanos, pero no es así. La formación continua tiene un impacto directo en los resultados de los pacientes. Cuanto mejor entrenado está un cirujano, cuanto más ha practicado en entornos controlados y cuanto más ha reflexionado sobre su técnica, mejores decisiones toma cuando está en quirófano.
Participar en este curso ha sido una experiencia muy positiva, sobre todo por el ambiente. Sin egos, con ganas de aprender y de compartir. Y eso, en una disciplina como esta, se agradece.
Si estás leyendo esto como paciente y tienes dolor de cadera, lo importante no es la técnica artroscopia de cadera en sí, sino saber si realmente la necesitas. No todo dolor requiere cirugía, y no todos los casos son iguales. Si no puedes venir a Barcelona, tienes la opción de hacer una consulta online desde casa para valorar tu caso de forma individual y ver si puedes beneficiarte de un tratamiento específico.